La A-7, una de las principales arterias de comunicación en la Comunidad Valenciana, se vio sumida en un caos el pasado 28 de agosto de 2025, cuando un accidente múltiple involucró a diez vehículos y un camión. Este incidente no solo causó un atasco kilométrico, sino que también dejó un saldo de ocho personas heridas, lo que subraya la gravedad de la situación.
La tarde del accidente, alrededor de las 15:30 horas, se registró un choque en cadena a la altura de Bétera, lo que obligó a las autoridades a cerrar varios carriles de la autovía en dirección a Barcelona. Este cierre generó un embotellamiento que alcanzó más de 20 kilómetros, afectando no solo a la A-7, sino también a otras vías conectadas, como la CV-35 y la V-30. La Dirección General de Tráfico (DGT) reportó que, a primera hora del día siguiente, aún había 11 kilómetros de retenciones en la A-7, lo que evidenciaba la magnitud del problema.
Los problemas de circulación no se limitaron a la A-7. En Puçol, un accidente adicional ocurrido en la misma mañana del 29 de agosto llevó a un nuevo corte de la carretera, aunque esta se reabrió rápidamente tras la remoción de los vehículos involucrados. Sin embargo, el impacto del accidente de la tarde anterior seguía sintiéndose, con retenciones que se extendían desde la Cañana hasta Museros, y otros puntos de congestión en la CV-35 y la V-30.
### Detalles del Accidente
El accidente que desencadenó este caos vial comenzó con un incendio en un camión, que ocurrió poco antes de las 22:00 horas del 28 de agosto. Durante las labores de extinción, otro camión colisionó con el primero, provocando un segundo incendio y el derrame de combustible. Afortunadamente, los bomberos que respondieron a la emergencia no sufrieron lesiones, aunque la situación fue crítica y requirió varias horas de trabajo para controlar las llamas.
El impacto del accidente fue significativo, no solo en términos de tráfico, sino también en la salud de los involucrados. Ocho personas resultaron heridas, tres de las cuales fueron trasladadas a hospitales cercanos. Entre ellas, una mujer de 67 años sufrió contusiones y dolor en el cuello, mientras que otras dos mujeres, de 37 y 66 años, también presentaron lesiones que requirieron atención médica. Las restantes cinco personas fueron atendidas en el lugar y no necesitaron ser trasladadas.
La respuesta de los servicios de emergencia fue rápida y efectiva, con la movilización de varias ambulancias y equipos de rescate. Sin embargo, la congestión resultante del accidente se extendió a lo largo de la mañana del 29 de agosto, con la DGT reportando que el atasco se mantenía a pesar de los esfuerzos por despejar la vía.
### Impacto en la Circulación
El accidente en la A-7 tuvo repercusiones en toda la red de carreteras de la región. Las vías adyacentes, como la CV-35 y la V-30, también experimentaron problemas de tráfico, con retenciones que alcanzaron casi dos kilómetros en algunos tramos. Este efecto dominó, conocido como el ‘efecto mirón’, es común en situaciones de accidentes en carretera, donde los conductores tienden a ralentizarse al pasar por el lugar del incidente, exacerbando aún más la congestión.
Los datos de la DGT indicaron que, a las 9:00 horas del 29 de agosto, la A-7 seguía colapsada, con un atasco que se extendía desde el kilómetro 321 hasta el enlace con la CV-35. La situación se complicó aún más por la presencia de otros incidentes menores en la zona, que contribuyeron a la acumulación de vehículos en las carreteras.
La gestión del tráfico y la respuesta a emergencias se pusieron a prueba durante este evento, y aunque las autoridades lograron restablecer la normalidad en la A-7 para las 11:00 horas, el impacto del accidente se sintió durante gran parte del día. Este incidente resalta la importancia de la seguridad vial y la necesidad de una infraestructura adecuada para manejar situaciones de emergencia en las carreteras.
La A-7, como una de las principales vías de comunicación en la Comunidad Valenciana, es crucial para el transporte y la movilidad de miles de personas. La gestión de accidentes y la respuesta rápida son esenciales para minimizar el impacto en la vida diaria de los ciudadanos y garantizar la seguridad en las carreteras.